miércoles, 30 de diciembre de 2015

Story Cubes #2


Reglas: Lanza los dados y utilízalos para contar una historia. No puedes utilizar dos veces el mismo dado y debes utilizarlos todos. Todas las historias deben comenzar con 'Érase una vez'.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Un nuevo viajero pasa por estas tierras.

Tal y como dijo Robert Penn Warren: "Los verdaderos escritores son los que quieren escribir, necesitan escribir, tienen que escribir." No lo hacemos por obligación ni a desgana, lo hacemos por que nos gusta, queremos llegar un poco más allá de lo que hemos leído, visto en una película o jugado en una partida de rol... Necesitamos dar vida y consciencia a personajes y a las propias historias, por eso llegué hasta este blog.


Conozco a Eámanë desde hace unos años y siempre hemos congeniado muy bien. Tenemos muchos gustos comunes en temas de libros, películas, series, videojuegos y juegos de rol, era inevitable que antes o después coincidiéramos en algún proyecto.

Actualmente estoy viviendo en Fuerteventura por temas de trabajo y, aparte, trabajando en un par de proyectos: un escenario de campaña basado en Pathfinder para Paizo junto al creador del escenario y en mi propio libro de aventuras basado en la mitología nórdica. Me gustaría hablar sobre temas de rol, videojuegos, libros y demás, y me gustaría que me dierais vuestra opinión sobre todo lo que publico, para así mejorar.

Me llamo Gonzalo, pero podéis llamarme Ravenlost.


viernes, 11 de diciembre de 2015

Story cubes #1

Mis apuntes de biología son lo mejor para inspirarse...

Reglas: Lanza los dados y utilízalos para contar una historia. No puedes utilizar dos veces el mismo dado y debes utilizarlos todos. Todas las historias deben comenzar con 'Érase una vez...'

viernes, 30 de octubre de 2015

Pesadillas

Las ramas se le clavaban en la cara mientras corría. Corría y corría todo lo que su corazón le dejaba,  apenas podía respirar, le dolían las articulaciones de los impactos contra la tierra. Arañazos y cortes cubrían los brazos al intentar protegerse mientras seguía huyendo. El bosque pasaba a una velocidad pasmosa a su lado, pero parecía no avanzar. ¿No podría huir?

No puedes escapar. ¿Dónde irías? -  Una voz en su cabeza resonaba por los alrededores. Así conseguirían encontrarla demasiado deprisa. Quería desaparecer  y esconderse. Demasiada sangre. Demasiado horror.

-“DONDE SEA” -  Gritó a la nada mientras seguía corriendo. Los pasos ahora sonaban muchísimo más cerca. Casi en su espalda. En la nuca.  Tan cerca que…  
Le entró pánico y se giró.

-“N-no…” – Había una piedra que no había visto, que la hizo caerse de cabeza al suelo, una herida enorme se le abrió en el lado izquierdo de la cara, la sangre caliente fluía mientras se levantaba,  a trompicones, agarrándose a la corteza de los árboles, seca, dura, no se parecían en nada a los árboles tan vivos y verdes que rodeaban el túmulo.
Ahora tenía heridas también en las manos. El olor de su propia sangre le aumentó más aún su frecuencia cardiaca.

Lo que asemejaba ser un camino entre los árboles que la llevaba hacia ninguna parte. Le parecía que llevaba corriendo siglos. El bosque se le echaba encima, frío, muerto, sin vida. La ansiedad le oprimió el pecho.

jueves, 15 de octubre de 2015

Luna mía

El tacto del césped virgen bajo sus pies la hacía estremecer. Hacía tantísimo tiempo que no deambulaba por esos bosques tan antiguos casi como el mismo tiempo…

Su larga melena blanca y las orejas puntiagudas que sobresalían de ella dejaban claro que no era humana. Más alta. Más esbelta. Y por mucho que a las otras razas les costase admitir, más hermosa.  Sus ojos llenos de estrellas le permitían ver en la más absoluta oscuridad como si fuese de día. Los tatuajes de su piel mostraban su equilibrio con la naturaleza. Su cuerpo, alto y fibroso era contrarrestado por su tierna mirada.  Ella era una elfa, y maldita sea, pertenecía a sus bosques.

En esta época de año empezaban a bajar las temperaturas por las noches, aunque en estos bosques casi siempre era de noche. Aun así sabía que no debía temer. Se había quitado la armadura para que su caminata le resultara más cómoda. Tan solo llevaba sus togas y su caperuza, en un vano intento de que no la reconocieran. No quería tener que parar, faltaba muy poco tiempo.

Le gustaba andar descalza por esos bosques que la vieron despertar por primera vez hace muchos, muchísimos años. Despertó descalza, y andaría descalza por el bosque que la había visto siempre así. Toda su armadura estaba bien guardada en las faltriqueras que colgaban de la grupa de su montura, un hipogrifo plateado, casi tan blanco como la nieve virgen, y sobre todo, blanco como su mismo pelo. Hacían una buena pareja.


El viento frío le azotaba la cara y casi la despeinaba. Había bajado de Plata. Apenas tenía prisa. Sólo quería disfrutar de los sentidos de su bien amado bosque. Su olor, sus sonidos, su tacto...

Recostada sobre su fiel amiga, cerró los ojos y dejó que su subconsciente vagase por todos esos recuerdos que le traía el frío.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Aeryn Nethuns

Era un día oscuro cuando nací, sin duda alguna, no había luna. Madre tuvo que correr hacia el hospital ella sola, puesto que padre estaba de turno de noche en urgencias aquel día. Está ya tan lejano… 21 de Junio de 1986. Parece mentira que hayan pasado 15 años. 


A madre no le gustó que me adelantara una semana a la fecha que se suponía que iba a nacer, le jodí varias reuniones importantes de sus empresas importantes con sus cosas importantes. Supongo que yo no era lo suficientemente importante como para que dos días después del parto ya estuviera de nuevo en su oficina. Gracias a Gaia que Nana estaba conmigo. Mi abuela paterna, claro, padre siempre estuvo pendiente de mí. Era él el que venía a arroparme todas las noches, si no lo hacía la Vieja Nana. La casa era lo suficientemente grande como para que Nana viviera con nosotros.


Eso sí que se lo agradezco a madre. La pasta. Nunca me faltó de nada, claro. ¿El último modelo de portátil? Yo lo tenía. La última PDA. El último modelo de reproductor de música. Mi cuarto era un amasijo de cables. Menos mal que madre nunca entraba. Ahora que lo pienso no sé mucho sobre madre. Hablaba con ella todos los días, claro, y se preocupaba de mi educación, por supuesto, al fin y al cabo, algún día heredaría muchas cosas y tenía que ser “una señorita de bien”. Que de patochadas. 


Padre, en cambio, sí que se preocupaba de verdad por mí. Siempre estuvo pendiente de mi educación.  Incluso cuando sólo estaba preocupada porque se me había perdido un cable o no me gustara algo que había pasado en clase. Él lo notaba. Lo notaba siempre. Joder, incluso se preocupó cuando se me perdió mi osito de peluche. Al final estaba en una esquina debajo de mi mesa, detrás de una caja. No tengo ni idea de qué haría ahí.
Pero cuando a padre lo nombraron jefe del servicio de urgencias la cosa cambió. Pasaba mucho tiempo en el hospital y en casa solo estábamos la Vieja Nana y yo. Bueno, y mi música, en casa, cuando estábamos las dos solas, nunca faltaba la música. Todo el tercer piso y la terraza exterior eran “míos” así que estaban al gusto de la Vieja Nana y al mío. 


Le agradeceré siempre a Nana todo el esfuerzo que hizo por enderezarme, aunque no lo consiguiera muy bien. Hubo una época en la que todo eran castigos. Me quitaron todos los aparatos electrónicos una vez, y otra, no me dejaron salir de casa en toda una semana de vacaciones. No los culpo, no está bien meterse en peleas ni robar las cosas de tus compañeros de clase… A decir verdad, ni siquiera a día de hoy sé por qué lo hacía. La psicóloga a la que me obligaban a ir decía que era por abandono parental, uno de los abogados de madre (decía que tenía la sangre corrompida) y que era de baja calaña, como padre. A ese no lo volví a ver, aunque claro, no me extraña, nadie le dice eso a madre y sale meneando la colita tan feliz. 


Una de las fechas importantes que tampoco olvidaré jamás será el 23 de marzo de 1993. Nana murió.  Se le complicó una pulmonía. Ni los mejores médicos ni las mejores  enfermeras pudieron hacer nada por ella. 


Era mayor. Eso decía padre. Que era muy mayor. Ya había vivido mucho y aunque nos costase, debíamos decirle adiós. Yo no quería decirle adiós a Nana. Aun cuando estaba en la cama del hospital me cogía de la mano y me consolaba ella a mí.


− “Recuerda siempre quién eres y de dónde vienes pequeña, nadie lo hará, y tendrás que enfrentarte a cosas inimaginables en tu vida” – Me susurraba siempre que las lágrimas corrían por mis mejillas. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Nueva página de facebook

¡Hola a todos!

Hace tiempo que no escribo (lo sé, lo sé, mea culpa) pero la razón ha sido mi reciente graduación en el ciclo superior de Anatomía Patológica y Citodiagnóstico.

Ahora que soy un poco más libre me he propuesto llevar el hobby de la escritura un poco más lejos, y me gustaría escribir al menos un relato corto (erótico o no) al menos una vez a la semana, y mientras tanto seguir trabajando en las tres historias profundas que tengo empezadas. La primera y a la que más tiempo quiero dedicarle es a IGGDRASSIL (de ahí el nombre de la página, proyecto IGDS) y a SilverMoon y a BloodyMoon seguir documentándome para poder hacerlas más realistas y fieles a mi cabeza.

Si queréis visitar la página y darle un "Me Gusta" os estaré eternamente agradecida, además de que la página de facebook la llevaré un poco más "informalmente actualizada" que el blog (en el que sigo queriendo dejar tan solo los relatos y las novelas)

¡Besosonrisas para todos! Espero que paséis un genial verano lleno de aventuras e historias inolvidables.

- ChibiYoru



domingo, 3 de mayo de 2015

Informes

Personas sensibles, sinsentido del humor, dramáticas  recatadas, púdicas  reservadas, cautas, decorosas, pudorosas, castas, modestas, prudentes, precavidas, discretas, "decentes", moralistas, y con un criterio no acorde con este entrada o con tendencia a discutir por tonterías... 

Abstenerse.   


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Tu olor me embriaga. Me deja con los sentidos aturdidos. Tus manos me rozan en sitios prohibidos. Nada de esto puede salir de aquí.

Tus dedos rozan mi cintura mientras se deslizan lentamente hacia mi pecho. Una lentitud tortuosa que me provoca escalofríos por todo el cuerpo. Cuando me rozas las clavículas te acercas un poco más a mí. Tus labios me rozan las comisuras de los míos. Abro los ojos después de un suspiro. Me miras. Sonríes. Te relames. Tus manos me rozan los brazos hasta aprisionar mis muñecas. No dejas de mirarme y sabes que eso me vuelve loca. Levantas mis muñecas por encima de mi cabeza. Sabes que en tu despacho no tienes nada para atarme, pero una simple orden y sabrás que no la incumpliré.


“No bajes las manos” – susurras en mi oído. Tus manos viajan por mis caderas a voluntad. Cada milímetro es un estremecimiento en mi espina dorsal. Me levantas la falda lentamente mientras te arrodillas.  La tentación de bajar las manos y apoyarlas en tu cabeza cada vez es más grande, pero me has dicho que no lo haga, y debo hacerte caso, no quiero que me vuelvas a azotar.

"Ah..."